Historia del Club

Visita a Villafranca, conociendo al rival

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Llega el fin de semana y nos vamos hasta Villafranca de Navarra. Su equipo, el Alesves, es un ilustre de la regional navarra. Actualmente, en su primer año en  Autonómica está realizando una gran temporada. Aunque recién ascendido de preferente, en las primeras jornadas ya ha encabezado la clasificación. Después ha bajado algo su rendimiento, ocupando hoy el  7º puesto. Actualmente suma 14 puntos,  cuatro más que el Ilumberri. En su campo, el Palomar, ha ganado tres de sus cuatro partidos, habiendo perdido el otro; por ello su rendimiento en casa se puede considerar bueno.

Pero el Ilumberri es un enemigo temible como visitante, como ya lo ha demostrado, ya que ha ganado tres de sus cuatro enfrentamientos y ha empatado el otro. Tiene que seguir con esta dinámica fuera de casa, preservar la actitud y mantener la fe, ya que lo hace bien –y no es casualidad- y puede seguir ganando muchos puntos fuera de su campo. Seguro que sí.

En los enfrentamientos ligueros con el Alesves computados desde 1968 –fecha de la última incorporación del Ilumberri a las competiciones oficiales-, la estadística nos es desfavorable. Hemos visitado siete veces este campo y hemos perdido en seis. Sólo hemos ganado una vez (0-2) en 1977 jugando en preferente (hoy 3ª división), pero las estadísticas están para romperlas.

La primera vez que nos enfrentamos fue el 16-12-1973 en Primera Regional (hoy equivalente a tercera división) y perdimos 1-0. El Alesves, equipo puntero de Navarra en aquel entonces, pugnaba por subir a tercera división (hoy a Segunda B) y el Ilumberri por mantenerse. Ni uno ni otro lo consiguieron.

alesvesEn aquella época habían salido de esta villa los cuatro hermanos Glaría (José, Francisco, Javier y Jesús) que llegaron a jugar todos ellos en distintos equipos de primera división. La euforia futbolística en este pueblo era espectacular. Ya en la temporada 1956-1957 llegaron a jugar en 3ª división nacional (hoy Segunda B), quedando en último puesto.

Este primer encuentro en Villafranca en el año 1973 quedó reflejado en la prensa así:

ALESVES 1 – ILUMBERRI 0

FACTORES VARIOS: Buena entrada en el Palomar. Buen tiempo.

ALESVES: Villanueva, Oteiza, Arbeloa, Cárcar, Serafín, Garcia, Francés, Mena, León, Uriz y Malo.

ILUMBERRI: Villanueva, Carmelo Balda, Eransus, Manolo Iturbide, Josetxo Juanto, Aldunate, José María Jimeno, Arizcuren, Echeverría, José Luis García y Carmelo Irurozqui.

GOLES:min 14. Tiro de fuera del área de Serafín que da en el palo, recoge León y marca.

ARBITRO: Sr. Pozo, muy bien.

COMENTARIO: El Alesves dominó durante los 90 minutos teniendo infinidad de ocasiones de gol. No se materializaron por mala suerte. El Ilumberri luchó mucho con un jugador que fue el mejor de los 22, Eransus. Sin embargo no gustó la actuación de Echeverría por su manera de comportarse.

El triunfo villafranqués fue merecido aunque hubo apuros al final por el nerviosismo de los locales.

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Ha pasado mucho tiempo y a alguno de estos jugadores quizás no los conozcamos. Así tenemos que, Fermín Villanueva: era un portero de Zubiri, muy prometedor, que se fichó esa temporada para reforzar la portería y compartió el puesto con Octavio Orzanco. A mitad de temporada, como su rendimiento no fue muy satisfactorio fue sustituido por Aldaz, otro portero de Pamplona que había jugado en el Chantrea y Osasuna Promesas. Paco Eransus: fue un mítico y extraordinario jugador del Ilumberri natural de Urroz y de sobra conocido por los aficionados de aquella época. Aldunate: era natural de Aibar y trabajaba en la fábrica de Ríus en Lumbier, jugó esa temporada en el Ilumberri.  Isidro Arizcuren: fue el fichaje estrella, natural de Pamplona tenía mucha experiencia en categorías de división nacional, tenía mucha calidad y eso se notaba. Echeverría: fue un fichaje muy fugaz, procedente de Pamplona jugó muy pocos partidos y a mitad de temporada se le dio la baja, siendo sustituido por el sangüesino Garralda, delantero centro procedente del Sangüesa que prestó mucho más rendimiento.  El resto de la alineación la componían jugadores del pueblo fácilmente reconocibles y hoy, a muchos de ellos, aún los podemos seguir viendo en la banda del Lardín animando y colaborando con el equipo.

Como curiosidad, aquella temporada tuvimos un altercado con el Alesves. Sucedió así: Eransus había jugado la temporada anterior en el Alesves. Su rendimiento fue extraordinario. Lo quisieron fichar para esta temporada pero a última hora, Juanjo Goyeneche, presidente del Ilumberri, consiguió convencerle para que volviera a Lumbier y así lo hizo.  Esto les sentó fatal a los del Alesves, señalaban que ya les había dado su palabra y culpaban al Club de la treta,  por ello no dejaron que su delantero centro, Alberto, un potente ariete, fichara por el Ilumberri, que lo pretendía. Este jugador ya se había presentado en el Lardín, pero no llegó a fichar por esa oposición del club ribero.

Historias aparte, esperemos que nuestro equipo mantenga la racha de resultados fuera de casa y que se traigan para Lumbier un nuevo triunfo. ¡¡ Aupa  Ilumberri !!

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LA TANDA DE PENALTIS MÁS FAMOSA DE LA HISTORIA… DEL ILUMBERRI

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Por CARLOS ZOZAYA

Siempre tuve fobia a los penaltis. Nunca pude verlos. Y eso que en mi equipo se encargaba de tirarlos Alfonso Roldán que con aquel cañón que tenía en su pie derecho era prácticamente infalible. Pero a pesar de contar con esta certeza estadística, una vez que él colocaba el balón encima del punto marcado con cal y se retiraba unos pasos para coger carrerilla, yo inevitablemente cerraba los ojos.

Lo mismo me ocurría viendo un penalti por televisión. Salvo aquella vez en que la tentación de mirar y, sobre todo, el deseo de ver el balón dentro de las mallas de la portería fueron más fuertes. Sucedió con el último penalti de la tanda de la final de la Eurocopa de 1976 entre Alemania y Checoslovaquia. Uli Hoeness había fallado el cuarto de los alemanes. Checoslovaquia se ponía con un 4-3 a su favor y si anotaba su quinto lanzamiento, salían campeones. Le tocaba lanzar a un desconocido, un tal Antonin Panenka, por aquel entonces poco o nada se sabía de los equipos y de los jugadores del otro lado del Telón de Acero .

penalti-panenka-originario-eurocopa-1976El jugador checo colocó el balón en el punto que señala los once metros y se retiró tanto que desapareció hasta de la misma pantalla. Lo que vimos después cuando corrió hacia el balón fue algo único. Aquel truco que se sacó de sus botas con el que engañó al mismísimo Maier, el legendario portero alemán, es considerado como el penalti más famoso de la historia del fútbol.

Aquel día fue la primera vez que vimos el desenlace de un campeonato internacional por medio del lanzamiento de penaltis. Una modalidad instaurada por la UEFA en 1970 y posteriormente en 1982, en el mundial de España, por la FIFA. Desde entonces cada vez resulta más habitual que las eliminatorias, e incluso las propias finales de los campeonatos se tengan que dirimir por esta suerte. Ante la persistente y contumaz igualdad que se repite en muchos partidos, los clubes y selecciones más importantes del mundo se han visto obligados a representar el llamado “drama de los penaltis”. Y también, modestia aparte, hasta el propio C.D. Ilumberri.

Este hecho tuvo lugar un domingo 24 de junio de 1979, en el partido de desempate por la permanencia en Primera Preferente contra el Aluvión de Cascante aspirante al ascenso. Después de acabar empatados los dos partidos de la eliminatoria, se tuvo que jugar un tercero en campo neutral, y el lugar escogido fue Caparroso. Entonces ante las bajas del equipo en la línea defensiva, yo que jugaba en el Ilumberri Promesas me vi con un hueco en el once. Y allí que me encontraba, viajando con el primer equipo, con “los mayores”, para disputar tan trascendental partido. 

Cuando llegamos, al ver la cantidad de aficionados cascantinos pensamos que nos habíamos equivocado de destino, que volvíamos a jugar a Cascante. Hasta Antonio Martínez, aquel vehemente entrenador que teníamos, calificaría aquella situación como una “encerrona”. Sin embargo, la desproporción en el campo entre las dos aficiones, por nuestra parte tan solo contábamos con un puñado escaso de fieles seguidores, no era nada de extrañar. A la complicada y convulsa temporada para el Ilumberri, se sumó la gran decepción que supuso tener que disputar este tercer partido. Tras el cero a cero del encuentro de ida en Cascante y después de ir ganando dos a cero en el de vuelta en Lumbier, el empate a dos final supuso un verdadero jarro de agua fría. Y gracias podíamos dar que no valían doble los goles fuera de casa. 

Aunque en la grada el Aluvión ganaba por goleada, porque su afición llenaba con banderas, trompetas y bombos las dos bandas del terreno de juego; En el campo, que es donde se meten los goles, al final de los noventa minutos solo hubo un gol para cada equipo. Con este resultado y sin pasar por el vestuario debíamos jugar una prorroga reglamentaria de treinta minutos. 

En los primeros quince nada cambio. Sin embargo, a los tres de la segunda parte marco el Aluvión y se desató la locura entre sus aficionados saltando al campo para abrazar a sus jugadores. Aquel gol que parecía ya casi definitivo revolucionó el juego. Los de Cascante a la contra tuvieron oportunidades para sentenciar con un tercero, pero en el 118 a dos minutos del final, para desesperación de jugadores y aficionados del Aluvión, Alfonso Gogorcena, que había salido precisamente en sustitución de Jesús Bueno, autor de nuestro primer gol, empató el encuentro. Y sin tiempo prácticamente para más el árbitro, que para evitar las suspicacias de los dos equipos pertenecía al igual que los linieres al colegio guipuzcoano, decretó el final del juego. Después de tres partidos y una prórroga seguíamos empatados y nos deberíamos jugar todo a una carta : el lanzamiento de penaltis. 

Pero yo aquí no contaba cuando acabó el partido, o eso es lo que yo pensaba. No podía saber entonces cuanto me equivocaba. Comenzó lanzando y fallando el Aluvión. Por nuestra parte el primero en tirar y por supuesto marcar fue Alfonso Roldán, después tirarían y también marcarían José Luis Allo, Manolo Iturbide y Francisco Jiménez . Por el Aluvión tampoco fallarían sus siguientes cuatro jugadores. Estábamos cuatro a cuatro, pero a nosotros nos quedaba  lanzar el quinto. La suerte le había tocado a Rodríguez, al que todos conocíamos por el mote de “Madriles”, un jugador de confianza del entrenador y que él mismo lo había traído esa temporada. Si lo metía, la eliminatoria era nuestra. Pero lo falló. Abatido, se acercó a nosotros. Entonces todos oímos lo que el entrenador le echó en cara: “Me has jodido toda la temporada“. 

Ahora en las tandas de penaltis es habitual ver a los jugadores de cada equipo de pie en el círculo central, todos juntos unidos entre si formando una línea. Pero en aquella ocasión nuestra, y eso que el partido no tenía nada de amistoso, fue más parecido a como solíamos ver en aquellas tandas de penaltis que se lanzaban en los famosos torneos de verano de los años 60 y 70. De hecho los penaltis se “inventaron “en el torneo Ramón de Carranza en la final Barcelona – Zaragoza del año 1962. Tanto nosotros como los jugadores del Aluvión estábamos en la zona de los banquillos que ocupábamos cada equipo. Recuerdo que yo, para no verlos, me senté dentro del nuestro, detrás de mis compañeros. 

Cuando Rodríguez falló teníamos que seguir tirando. Ya habían lanzado los cinco especialistas. Ahora necesitábamos encontrar a otro. Yo seguía sentado dentro del banquillo y entonces sucedió lo inimaginable. Martínez estaba delante, de pie, se giró hacia mí y dijo: “Zozaya”. ¡No podía ser cierto!. ¿Por qué yo? ¿Quizá porque al estar sentado dentro no podía darme la vuelta y escapar corriendo? Me llevé un susto de muerte. Y le contesté que yo no lo tiraba. Que nunca había tirado uno, ni siquiera en los entrenamientos. Que nunca los veía y que lo iba a tirar fuera. Aquellas palabras mías aumentaron el cabreo que tenía por el fallo de Rodríguez y se puso a gritar y maldecir diciendo: “Esto me pasa por estar rodeado de críos”. 

Aquel partido habíamos acabado jugando siete jugadores del Promesas. Todos de 19 y 20 años. Algunos como Roldán y Jiménez, de Artajo, titulares toda la temporada, otros habían sido convocados en numerosos partidos debido a las bajas, lesiones y otras circunstancias. Por eso al escuchar aquellas palabras del entrenador sentí tanta rabia que me levante y fui andando desde el banquillo para tirar el penalti. Era la muerte súbita el que no lo metía perdía la eliminatoria. El jugador del Aluvión lanzó y marcó. Después fui yo, y como había predicho, lo lancé fuera. Acto seguido, sin esperar nada ni a nadie, salí corriendo hacia el vestuario mientras los hinchas del Aluvión saltaban al campo para celebrar el ascenso. 

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Equipo 1979-1980. Octavio, Zozaya, Bueno, Bernardo, Caminos, Roldán y Balda. Jimenez, Goñi, Allo, Jimeno y Aristu

Si el penalti de Uli Hoeness, de aquella Eurocopa de 1976, significó el final de una época de dominio alemán en el fútbol con jugadores como Franz Beckenbauer, Sepp Maier, Torpedo Muller y el propio Hoeness, puntales de aquel Bayer Munich, tres años campeón de Europa en 1974,75 y 76 ; y también de la selección alemana campeona de Europa en 1972 y del Mundo en 1974. Años en los que se forjó la historia del “rodillo alemán” y en los que la palabra Alemania en fútbol era sinónimo de victoria. Aquel penalti de Caparroso puso punto y final a una de las décadas doradas del Ilumberri, la de los años 70. Cuando el club llegó a militar en aquella Preferente de entonces, compuesta por algunos de los mejores equipos navarros , incluidos el Osasuna y el Tudelano Promesas; los más importantes de la Rioja, y hasta uno de Burgos, el Ence de Miranda de Ebro.

 

Dos épocas pues y dos penaltis que acabaron en las nubes.

Por lo demás, uno es una mera anécdota comparado con el otro. Del de Caparroso apenas nos acordamos hoy los jugadores que estuvimos allí. En cambio, el de Uli Hoeness, en el pequeño Maracaná de Belgrado, donde se jugó la final, es uno de los penaltis históricos cuya imagen grabada no se borra nunca. Un penalti de un país entero, que marca la carrera y hasta la vida de un futbolista.

Roberto Baggio, el grandísimo jugador italiano que falló el último penalti en la primera final de un Mundial que se decidió desde los once metros en 1994 en Estados Unidos entre Brasil e Italia, dijo en sus memorias: “Siempre he dicho que los penaltis los fallan los que tienen el coraje de tirarlos . Aquel lo fallé.  En ese momento quise cavar un foso para esconderme.  Me condicionó durante años.  Todavía sueño con él. Fue duro salir de aquella pesadilla. Si pudiera borrar una imagen de mi vida deportiva, sería aquella”. Como Baggio Miroslav Djukic o John Terry pasaron por este calvario, perseguidos por las imágenes del mismo error que cometieron desde los once metros .Miles de vueltas al mismo instante. El mismo sueño miles de noches. Preguntas que uno mismo aún se repite. ¿Cómo se le pudo ocurrir al entrenador mandarme a mi tirar aquel penalti? ¿Por qué tenía que ser yo el que decidiera toda la temporada de un equipo en el que no había jugado un solo partido? No era justo. Me levante lleno de rabia. Fui ciego. Maldiciendo mi suerte. ¿Para esto me habían llamado del Promesas? Esto sí que era una verdadera encerrona.

Confieso que estaba tan cabreado que poco o nada hice para meter aquel penalti. Nunca vi en mi cabeza el balón dentro de las mallas. En ningún momento mientras me dirigía al balón me repetí a mi mismo: “Tú puedes hacerlo”. Meterlo, aunque fuera dándole con el tobillo como el defensa del Liverpool Alan Keneddy, en la final de la Copa de Europa en 1984 en Roma, la primera que se decidió en la tanda de penaltis. Pero todo aquello queda ya lejos y tiene poca importancia. Nunca la tuvo.

El fútbol sigue siendo un juego, por lo menos en aficionados.

Siempre he guardado buenos recuerdos de aquel partido. El más importante que jugué nunca. ¡Si con el 2-1 que metieron ellos en la prórroga parecía que habían ganado la copa de Europa! En serio, aquella afición se merecía el triunfo. Pero aquella tanda de penaltis… y eso que estuvimos en “un chis” de ganarla. Había tanta tensión acumulada del partido. Tantos nervios. Estábamos físicamente juntos pero por dentro cada uno de nosotros era una isla separada del resto. Con una sola cosa en común, todos los que quedábamos por tirar queríamos en aquel momento desaparecer del mapa. Y cuando el entrenador me nombró, es natural que a más de a uno se le escapara un suspiro de alivio.

Cuenta el mismo Baggio, también en sus memorias que aquel penalti que falló en la final lo volvió a tirar muchas veces en sueños, de mil formas distintas y todas las veces acababa metiéndolo. De la misma forma yo también he revivido en sueños aquel instante en que oí al entrenador decir mi nombre. Y me he visto a mí mismo ponerme de pie, con la serenidad y la confianza que me ha dado el paso de los años, y responderle: “Bien míster. Yo no he tirado nunca ninguno pero voy a intentarlo ¿Qué me aconseja?”.

Hoy, tantos años después, aún me cuesta mirar los penaltis. Y eso que ahora en el Ilumberri los tira Iker Iturbide, el hijo de Manolo, la saga continúa, que es también prácticamente infalible. Y aunque los entiendo como castigo durante el desarrollo de un partido, nunca me parecieron para un deporte de equipo como el fútbol un buen método para decidir un encuentro. Hasta el propio presidente de la FIFA declaró: “Cuando el fútbol se dirige a los penaltis pierde su esencia”. Pero la tragedia de los penaltis continúa sin que se busque otra solución y con el paso de los años la lista de los que han vivido de lleno esa tragedia con sus fallos es tan grande como grandes son los jugadores que aparecen en ella: Stielike, Sócrates, Platini , Donadoni, Baresi, Beckham, Shevchenko, Pirlo, Lampard, Gerrad, Chris Waddle, Anelka, Trezeguet, Pellegrino, Scheweisteinger, Higuain, Cristiano Ronaldo, Messi… Si hasta el propio Maradona falló uno contra Yugoslavia en la tanda de penaltis de los cuartos de final del Mundial de 1990. Y aunque nadie me echó la culpa de aquel fallo de Caparroso, cuando erró el Pelusa, yo un simple mortal a su lado, me sentí definitivamente perdonado.

Era lo único que me faltaba para la rehabilitación total de mi pena máxima. El año anterior el Ilumberri había subido, por fin,  a Preferente, con su capitán Alfonso Roldan al frente; el único superviviente diez años después de aquel equipo que jugó en Caparroso,  y el mismo que seguía tirando los penaltis, con aquel cañón que tenía en su pie derecho.

 

HISTORIA RECIENTE DEL C.D. ILUMBERRI

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Presentación

Por Jose Luis Allo

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El Club Deportivo Ilumberri tiene muchos años y mucha historia. Nació oficialmente en 1923 y desde entonces ha jugado muchos partidos, generando muchas leyendas, historias, anécdotas, cuentos, canciones,…

De muchas de ellas nos ha quedado testimonio gráfico y escrito, gracias, sobre todo, a los promotores y autores del libro publicado en conmemoración del 75 aniversario del Club en 1998 –lo podéis encontrar digitalizado en esta misma web-, libro que ningún aficionado debe dejar de verlo y leerlo.

El libro narra la historia de sus primeros 75 años de una forma muy rigurosa y completa, gracias al  extraordinario trabajo y esfuerzo que sus autores y colaboradores llevaron a cabo. Pero toda la historia no cabe en un libro, hay mucha más que merece la pena preservar.

En este sentido, este rincón es un extraordinario medio para ir depositando estos recuerdos para mantener viva y agrandar la historia de este club, por lo que animo a otros aficionados a que participen en este foro incluyendo sus recuerdos, vivencias, anécdotas,….

Este relato parcial de la historia comienza en el año 1968, fecha en que, de nuevo, renace el futbol federado en el pueblo y que, gracias al esfuerzo de muchos lumbierinos/as de distintas generaciones sigue perdurando y se mantiene vivo. Esta actividad deportiva es básica y fundamental para el pueblo ya que une y mantiene activos a nuestros jóvenes, genera espectáculo, diversión, crea sentimientos, vida, ilusiones…, en fin, es algo que obligatoriamente tenemos que proteger y  mantener.

El relato está basado en documentos y artículos periodísticos de la época, muchos de los cuales se transcriben literalmente. También se incluyen anécdotas e historietas vividas y recordadas por un chaval del pueblo nacido en el año 1960, que descubrió el futbol en aquellos años. Las vivencias se  cuentan tal como las percibió, sintió y vivió. También se incluyen otras historias que él ha oído contadas por otros aficionados.

La finalidad de este trabajo es entretener a los aficionados y mantener en el recuerdo datos e historias –aunque sean un tanto subjetivas- del C.D. Ilumberri con el fin de que no se vayan perdiendo y se mantengan en nuestra memoria colectiva.